Galletas de chocolate veganas, sin gluten y sin azúcar

Galletas de chocolate veganas, sin glúten y sin azúcar

Una de las bases de una dieta saludable es evitar los productos procesados. Ésto suele complicarse cuando nos apetece dulce, por eso os traigo una nueva receta de repostería casera, en este caso unas galletas para amantes del chocolate, sanas y muy rápidas de realizar. Además, son aptas para veganos y no contienen gluten.

Ingredientes: (para unas 20 galletas)

– 200 g de avellanas

– 100 g de pasas

– 50 g de chocolate negro (>70%)

– Un chorrito de leche o bebida vegetal

– 2 cucharadas soperas de cacao puro en polvo (desgrasado y sin azúcares añadidos)

– 1 cucharada sopera de semillas de lino

– 1 cucharada sopera de semillas de chía

– 1/2 cucharilla de postre de bicarbonato

– 1 cucharadilla de postre de canela

– 1/2 cucharilla de postre de sal

Procedimiento:

En otras recetas os he enseñado como aportar sabor dulce a nuestras recetas con la pasta de dátiles. Esta vez vamos a hacer algo parecido con pasas, para ello, debemos dejarlas a remojo con agua durante 30 minutos.

También dejamos reposar las semillas de lino y chía con 4 cucharadas de agua durante 15 minutos, para que adquiera consistencia gelatinosa.

He realizado toda la receta con un procesador de alimentos, lo cual permite tener la masa lista en pocos minutos.

Primero debemos picar el chocolate y reservarlo para incorporarlo al final.

Picamos las avellanas con un chorrito de leche e incorporamos el cacao en polvo, el bicarbonato, la canela y la sal.

Escurrimos las pasas y las trituramos junto con la gelatina formada con las semillas. Esta pasta la añadimos a la mezcla anterior y removemos bien.

Por último, añadimos el chocolate picado y volvemos a remover.

Parece increíble pero ya tenemos nuestra masa preparada para introducirla en el horno precalentado a 180ºC durante 10 minutos. He utilizado la función horno de leña, poniendo la bandeja en la posición más alta. El tiempo es orientativo, debéis adaptarlo a vuestro horno y estad atentos de que no se quemen.

Dejar enfriar sobre una rejilla para que adquieran textura crujiente y ¡a disfrutar!.

Andrea Sorinas. 

Dietista-Nutricionista

Bilbao

 

 

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Bizcocho de naranja

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En recetas anteriores os hablaba de cómo realizar un bizcocho dulce, pero sin azúcares ni edulcorantes. La clave está en la fruta. En este caso, la protagonista es la naranja. Además, el toque que le dan los cítricos a los bizcochos los hace irresistibles.

Ingredientes:

  • 2 huevos
  • 1 yogur natural
  • ½ sobre de levadura de repostería (la próxima vez lo pondré entero)
  • ½ medida de vaso de yogur de aceite de oliva virgen extra (también se puede utilizar de girasol, en ese caso reccomiendo que sea alto oleico).
  • 1 naranja
  • 80 g de almendra molida
  • 100 g de harina integral de espelta (o de otro cereal)
  • 200 g de dátiles
  • Canela al gusto
  • Semillas de lino y pipas de calabaza (opcional)

Procedimiento:

Batir en un bol los huevos y la pasta de dátiles (podéis ver la receta aquí).

Añadir el yogur, la ralladura de la piel de la naranja y la almendra molida. Remover bien con ayuda de unas barillas y añadir el aceite. Volvemos a batir y añadimos la harina y la levadura tamizadas, poco a poco, mientras removemos bien la mezcla.

Pelar la naranja y batirla con la batidora o con un procesador de alimentos. La añadimos a nuestra mezcla junto con la canela y removemos bien todos los ingredientes.

Verter la mezcla en un mode previamente engrasado con aceite o con un poco de mantequilla (¡no es tan mala! y la cantidad que usamos para engrasar el molde es mínima).

Para decorar, podéis añadir semillas por encima. Yo he añadido de lino molidas y pipas de calabaza.

Meter en el horno precalentado a 180ºC durante unos 40 minutos, o hasta que al introducir un palillo éste salga limpio.

 

Compota o mermelada sin azúcar

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Uno de los alimentos preferidos por mis pacientes para el desayuno es la mermelada. Me cuesta encontrar opciones saludables a la mermelada común (compuesta casi en su totalidad por azúcares simples y refinados) ya que las opciones “light” o “sin azúcar” están repletas de edulcorantes y aditivos.

¿Renunciamos entonces esta pasta dulce con sabor a fruta que tanto nos gusta untar en la tostada? La respuesta es no, por supuesto que no.

La clave está en huir de las opciones procesadas y hacerla nosotros en casa. Así, podemos controlar la cantidad de azúcar o edulcorante que queremos añadir, o como en mi caso, no añadirle ninguno y usar fruta desecada para aportarle el sabor dulce. Como vais a ver en mi ejemplo de receta, es muy fácil y como mucho se tarda media hora. Es tan sencillo como cocer la fruta en agua y triturar.

 


 

Compota de manzana y pasas

Ingredientes:

  • 1 naranja
  • 2 manzanas
  • Un puñado de pasas
  • Canela en polvo o rama
  • 300 ml de agua
  • 2 cucharadas de postre de semillas de chía (opcional)

Procedimiento:

  1. Dejamos reposar las semillas de chía en el zumo de media naranja, mientras continuamos los pasos se formará un gel que le da una consistencia agradable a nuestra mermelada o compota.
  2. Hervir las pasas en 300 ml de agua durante 10 minutos a fuego medio.
  3. Añadir al cazo las dos manzanas peladas y troceadas junto con la ralladura de la naranja y dejar 15 minutos más.
  4. Cuando finalice la cocción, colarlo e incorporar las semillas de chía y canela en polvo al gusto. Si utilizáis canela en rama incorporarla en la cocción.
  5. Triturar con la batidora o con un procesador de alimentos.

Con estas medidas me han salido unos 400 ml de mermelada/compota. Se puede congelar.

Podéis añadirla con yogur, avena, granola, bizcochos, en tostadas… ¡donde os apetezca! Yo os propongo esta versión del típico desayuno donde he sustituido la mantequilla por aguacate maduro y la mermelada procesada por la casera.

 

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Granola casera

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Ya es oficial, la granola está de moda y ha llegado para quedarse. He de reconocer que es la primera vez que la hago, ¡y que la pruebo! No me entusiasma demasiado el muesli, por tanto no me atraía la idea de probarla, pero al hacerlo he comprobado que me encanta. Como os digo siempre, los gustos cambian.

La granola es una mezcla de copos de avena con frutos secos, a la que se pueden añadir otros cereales, semillas, fruta desecada, miel… A pesar de compartir ingredientes con el muesli, para mí la diferencia organoléptica más importante entre ambos es que la granola se hornea hasta que adquiere una textura crujiente, que junto a su sabor tostado y dulce la vuelven irresistible.

Las granolas comerciales suelen llevar un exceso de azúcares añadidos o edulcorantes y grasas, como aceites o mantequillas. La forma de evitar estos aditivos poco saludables es hacerla en casa donde puedes escoger entre añadir azúcares y aceites controlando la cantidad o bien optar por una receta sin ningún aditivo como he hecho yo, básicamente porque no le hace ninguna falta.

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Queso batido con granola, kiwi, frambuesas y semillas de chía.

De esta manera, obtenemos un alimento muy nutritivo y saciante. La granola es rica en fibra, grasas saludables e hidratos de carbono complejos. Por sus ingredientes, reduce riesgo cardiovascular, ya que disminuye el colesterol LDL (malo) y los triglicéridos.

Aunque parezca muy calórica, si la confeccionamos sin aditivos y la consumimos de manera moderada, no aumenta el peso corporal. Es importante también que los frutos secos sean sin freír ni salar.

La forma más habitual de comerla es mezclándola con leche, bebida vegetal o yogur y añadiéndole fruta fresca. Es ideal para tomarla en el desayuno, a media mañana o a media tarde, momentos donde su poder saciante ayuda a evitar el picoteo entre horas.

Os dejo dos ideas distintas para prepararla, recordad que la base es la avena, podéis variar el tipo de frutos secos, semillas, fruta desecada, aromas, etc.

Ingredientes comunes:

– 1 taza de copos de avena (yo he usado finos)

– 2 cucharadas soperas de almendras

– 2 cucharadas soperas de avellanas

– 1 cucharada sopera de pasas

– 1 cucharada de postre de semillas de lino

– 1 cucharada de postre de semillas de sésamo

– 1 cucharada de postre de canela

Granola A: con plátano y virutas de chocolate negro.

Granola B: con compota de manzana (casera, sin azúcar) y mango deshidratado.

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Bebida de avena con granola y virutas de chocolate negro. Puede tomarse en frío o caliente.

Procedimiento:

  • Paso 1:

Molemos las semillas y los frutos secos en un procesador de alimentos.

  • Paso 2:

Para la granola A) Trituramos un plátano maduro y mezclamos bien con los copos de avena.

Para la granola B) Mezclamos los copos de avena con compota casera.

En ambos casos, las cantidades son orientativas, ya que es importante que quede más cantidad de avena que de plátano o compota.

  • Paso 3:

Mezclamos con las semillas y frutos secos triturados y lo extendemos en una bandeja de horno, mejor sobre papel vegetal para hornear.

  • Paso 4:

Introducimos la bandeja en el horno precalentado a 180º. Es muy fácil que se queme, os recomiendo vigilarla y removerla cada 5 minutos para evitarlo y que no se forme un bloque. En unos 15-20 minutos está dorada, crujiente y lista.

Si no se remueve pero controláis igualmente que no se queme, se obtiene un bloque que al partirlo en rectángulos, nos sirve como barritas energéticas y saciantes. Muy prácticas para comer fuera de casa.

  • Paso 5:

Los últimos 5 minutos o al acabar el horneado añadimos la canela y las pasas. También para la granola A las virutas de chocolate negro y para la granola B el mango deshidratado.

  • Paso 6:

Guardamos en un recipiente hermético y ya disfrutar de ella durante toda la semana.

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Yogur natural con granola y uva.

 

Bizcocho de yogur sin azúcar

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El clásico bizcocho fácil de realizar, con la medida del vaso de yogur, en una versión un poco más saludable.

Está realizado con harina integral y no lleva azúcar ni edulcorante. Aún así tiene sabor dulce (evidentemente no tanto como si llevase azúcar, pero el suficiente). ¿Cómo?

La clave está en sustituir el azúcar por dátiles. Este truco os puede servir para infinidad de recetas, como galletas o incluso helados.

Los dátiles son el fruto de la palmera datilera. Proporcionan, por 100 g de producto, 66 g de hidratos de carbono, 2 g de proteínas y 0,6 g de lípidos. Son buena fuente de vitaminas A y D, ácido nicotínico, fósforo, potasio y fibra.

Lo primero que haremos es formar una pasta con los dátiles para poder repartir su dulzor de forma homogénea en nuestro bizcocho.

Para la pasta de dátiles: hervir en agua 200 g de dátiles durante dos minutos. Retirar el agua y procesar en el accesorio picador de la batidora. Si os queda muy espeso podéis añadir un poco de leche o bebida vegetal.

 

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Ingredientes para el bizcocho:

– 1 yogur natural

– Pasta de dátiles

– 4 huevos

– 1 medida de AOVE (aceite de oliva virgen extra, os recomiendo usarlo suave)

– 3 medidas de harina de trigo integral

– 1 sobre de levadura de repostería

– 1 medida de leche o bebida vegetal

Para darle un toque especial también he añadido un puñado de arándanos, nueces, avellanas, semillas de lino y canela en polvo.

Procedimiento:

En un recipiente mezclamos bien el yogur, el AOVE, los huevos y la pasta de dátiles.  Batir bien con ayuda de una varilla o tenedor.

Tamizar la harina e ir incorporándola poco a poco mientras seguimos batiendo. Si utilizáis harina integral, os quedará la cascarilla en el colador al tamizarla, incluirla también en la mezcla.

Añadir la levadura y la leche. Cuando tengamos todo bien mezclado, incorporar los arándanos, canela al gusto, las semillas de lino y los frutos secos, previamente picados en un mortero.

Hornear durante unos 35-40 minutos con el horno precalentado a 180 grados.

No os asustéis por el color morenito del bizcocho, es por los dátiles, no se os habrá quemado. Aun así, estad pendientes ya que cada horno es un mundo. Cuando creáis que está listo, podéis hacer la prueba de introducir un palillo y comprobar si sale limpio.

El resultado ha sido mejor del esperado, un bizcocho muy esponjoso, sabroso y jugoso.

 

¿Qué es un dietista-nutricionista?

El próximo 24 de noviembre tendrá lugar el día mundial del Dietista-Nutricionista. Con motivo de su celebración, el Consejo General de Dietistas-Nutricionistas de España nos ha invitado a participar en su campaña “¿Qué es un dietista-nutricionista?”  (#DMDN #QuéesunDN), mediante la cual los dietistas-nutricionistas explicamos los diferentes aspectos de nuestra profesión desde nuestros blogs, para dar una visión más amplia del papel y funciones que jugamos en la sociedad.

Según la Conferencia de Consenso del Perfil Profesional del Diplomado en Nutrición Humana y Dietética, “Un dietista-nutricionista es un profesional de la salud, con titulación universitaria, reconocido como un experto en alimentación, nutrición y dietética, con capacidad para intervenir en la alimentación de una persona o grupo, desde los siguientes ámbitos de actuación: la nutrición en la salud y en la enfermedad, el consejo dietético, la investigación y la docencia, la salud pública desde los organismos gubernamentales, las empresas del sector de la alimentación, la restauración colectiva y social”.

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Funciones del diplomado en Nutrición Humana y Dietética

La profesión de dietista-nutricionista lleva implícita en su ejercicio la educación alimentaria y nutricional. Los dietistas enseñan, investigan, valoran, guían y aconsejan en todos los ámbitos donde una adecuada alimentación puede ayudar a mejorar la calidad de vida.

Ámbitos de actuación:

  1. El dietista-nutricionista actúa sobre la alimentación de la persona o grupo de personas sanas o enfermas (en este caso después del diagnóstico médico), teniendo en cuenta las necesidades fisiológicas (o patológicas si es el caso), preferencias personales, socioeconómicas, religiosas y culturales. Puede desarrollar sus funciones como dietista-nutricionista clínico.
  1. El dietista-nutricionista comunitario o de salud pública (prevención y promoción de la salud) actúa sobre la población en general, desde entidades diversas, desarrollando y participando en programas de políticas alimentarias, de prevención y salud en general, y de educación alimentaria, dentro del marco de la salud pública y la nutrición comunitaria.
  1. El dietista-nutricionista en restauración colectiva participa en la gestión y en la organización, y vela por la calidad y la salubridad de los alimentos durante todo el proceso de producción. Forma al personal del servicio de alimentación en materia de seguridad alimentaria, planifica menús y valora el equilibrio nutricional de la oferta alimentaria.
  1. El dietista-nutricionista en la industria asesora en la innovación de nuevos productos y en el marketing social relacionado con la alimentación.
  1. El dietista-nutricionista docente actúa como formador en centros públicos y privados en los que se imparten conocimientos sobre alimentación, nutrición y salud.
  1. El dietista-nutricionsista investigador está capacitado para integrarse en un equipo multidisciplinar de investigación y desarrollo. Potencia la investigación en el área de la alimentación, la nutrición y la salud.

En mi caso particular, encaminé mi formación hacia la nutrición clínica. Un campo en el que es difícil trabajar si no es en consulta privada, dada la ausencia de dietistas-nutricionistas en la Sanidad Pública.

La inclusión de nuestra figura en Seguridad Social supondría, no solo un claro beneficio en la salud de los ciudadanos, sino también un ahorro en el gasto sanitario. Aún así, seguimos siendo el único país de la Unión Europea en el que nuestra figura no está incluida en la Sanidad Pública.

Aunque no exclusivamente, me dedico en mayor parte a la consulta privada, donde realizo asesoramiento personalizado en casos de pérdida y ganancia de peso, nutrición infantil, nutrición deportiva, diferentes etapas de la vida de la mujer (como embarazo, lactancia y menopausia), vegetarianismo, veganismo y alimentación adaptada a diferentes patologías (colesterol, diabetes mellitus, ácido úrico, triglicéridos, anemia, osteoporosis, problemas digestivos, alergias o intolerancias a alimentos…).


Hay una palabra que define claramente cuál es mi objetivo en consulta: AYUDAR.

Nuestra labor no es sólo alcanzar el objetivo por el cual el paciente acude a consulta, es enseñar a realizar un cambio de hábitos hacia un estilo de vida saludable que perdure de por vida.

Este camino debe realizase escuchando, conociendo y respetando al paciente. Los cambios de hábitos en nuestra profesión se consiguen poco a poco y de manera distinta en cada persona. Es importante dedicar tiempo al paciente, para poder transmitir algo nuevo en cada visita, conocer sus impresiones y reforzar su motivación.

El plan de alimentación debe ser fácil de realizar y estar adaptado a cada persona, entre otros aspectos a sus gustos, costumbres y a las comidas fuera de casa que pueda tener, enseñándole a escoger opciones saludables.

Es con esta visión de no sólo enseñar, sino también ayudar al paciente en el aprendizaje, con la que se consiguen los resultados que más me reconfortan como dietista-nutricionista, la satisfacción cuando te transmiten con ese agradecimiento especial lo bien que se encuentran, que sus síntomas han remitido, que les has ayudado a mejorar.


Como podéis observar, esta metodología de trabajo dista mucho de la típica consulta en la que miden el peso y entregan una fotocopia “del cajón” con la dieta. Aquí reside el principal problema que tiene la profesión del dietista-nutricionista: el intrusismo.

Este intrusismo puede darse tanto por personas sin ninguna formación en salud como por otros profesionales sanitarios y médicos.

Un dietista-nutricionista es aquél que posee el título universitario (Diplomado o Graduado en Nutrición Humana y Dietética). Para estar más seguros, podéis comprobar también su número de colegiado.

 

Pizza casera

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Comiendo de manera saludable se puede y se debe disfrutar. Uno de mis platos preferidos siempre ha sido la pizza, así que os propongo esta receta de pizza casera, saludable y realmente deliciosa.

  • Para la masa:

Ingredientes para una pizza mediana de masa fina:

– 150 g de harina integral

– 100 ml de agua templada

– Medio sobre de levadura seca

– Una pizca de sal

– Un chorrito de aceite de oliva virgen extra

Preparación:

Mezclar en un bol la harina, la levadura y la sal. Hacer un hueco en el medio y verter el agua y el aceite. Mezclar los ingredientes, hasta que la masa no se pegue en las paredes del bol. Trabajar la masa en una mesa espolvoreada con harina durante unos 10 minutos.

Devolvemos la masa al bol, lo tapamos y dejamos reposar la masa unos 45 minutos o hasta que aumente de volumen.

Espolvoreamos de nuevo la mesa con harina. Con ayuda de un rodillo (o cualquier objeto cilíndrico, como una botella) estiramos la masa hasta que quede fina. La pasamos a la bandeja del horno y le ponemos los ingredientes.

  • Para la salsa:

Podemos utilizar salsa de tomate natural o innovar con otro tipo de sofritos, yo he elegido uno de cebolla, pimiento rojo, zanahoria y una pizca de pimienta negra. Después de pochar los ingredientes, los pasamos por la batidora y listo. En caso de que quede muy espeso, podéis suavizar la salsa con un chorrito de leche o bebida vegetal.

  • Ingredientes:

Hay numerosas combinaciones de ingredientes saludables para poner en nuestra pizza, en mi caso, he elegido:

– Champiñones

– Cebolla

– Jamón cocido (de calidad)

– Aceitunas negras

– Queso fresco de cabra

– Orégano

Metemos la pizza en el horno precalentado a 180º durante unos 20 minutos.

¡Y a disfrutar!

 

Recomendaciones nutricionales para pacientes con anticoagulantes orales

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Los anticoagulantes orales (Sintrom®, Aldocumar®) son medicamentos que tienen como finalidad evitar la trombosis y/o embolia, enlenteciendo el proceso de coagulación de la sangre.

El contenido en vitamina K de la dieta puede interferir en la eficacia del tratamiento, tanto por exceso como por defecto. Para alcanzar el nivel de anticoagulación deseado, es conveniente seguir unas recomendaciones dietéticas específicas.

Se recomienda seguir una dieta equilibrada, con la misma recomendación de frecuencia de consumo de los diferentes grupos de alimentos que en la población general. No hay que eliminar por completo los alimentos ricos en vitamina K, pero sí controlar su consumo. Se debe evitar tanto aumentar bruscamente la ingesta diaria de alimentos con alto contenido en vitamina K como realizar dietas restrictivas con poco aporte vegetal.

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La mayor parte de la vitamina K procede de los alimentos de origen vegetal, concretamente de hortalizas de color amarillo oscuro o verduras de hoja verde. Por lo tanto, se debe tener especial cuidado con los siguientes alimentos:

  • Verduras y hortalizas con alto contenido en vitamina K:

Remolacha, repollo, espárrago, lechuga romana, brócoli, endibia, cebollino, perejil, nabo verde, espinacas, col rizada, col lombarda y coles de bruselas.

  • Verduras y hortalizas con medio contenido en vitamina K:

Pimiento verde, tomate maduro, lechuga iceberg, zanahoria, coliflor, judías verdes, alcachofas, puerros, apio, guisantes y pepino.

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Las frutas no son fuentes importantes de vitamina K excepto el kiwi, los higos, la uva y la ciruela. También deben evitarse ciertas frutas secas como las uvas pasas o las ciruelas pasas.

Los alimentos de origen animal no suelen contener cantidades apreciables de vitamina K (salvo el hígado). Es recomendable comer más pescado que carne y evitar el consumo de grasas animales (mantequilla, bollería industrial, queso, nata, carnes grasas y procesadas como embutidos). Se recomienda consumir las conservas de pescado al natural en lugar de en aceite.

Los frutos secos no son importantes fuentes de vitamina K excepto los piñones, los pistachos, los anacardos y las avellanas.

pistachos

La grasa de elección tanto para aliñar como para cocinar, debe ser aceite de oliva virgen extra, con una recomendación diaria de cuatro a seis cucharadas. Aunque contiene vitamina K, continúa siendo la grasa más saludable; además, si respeta la ración recomendada sólo contribuye moderadamente al contenido total de vitamina K de la dieta. Así mismo, se debe evitar la margarina, bollería industrial, pasteles, galletas, alimentos de comida rápida y precocinados.

El alcohol, aunque aporte poca vitamina K, está desaconsejado por completo dentro del contexto de un estilo de vida saludable. Además, un consumo elevado del mismo puede aumentar el efecto de los anticoagulantes.


Fuente: Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición

 

Cous-cous de coliflor

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Parece cous-cous, ¡pero no lo es! Este plato está confeccionado únicamente con verduras y hortalizas.

Incluir de dos a tres raciones de verduras y hortalizas al día puede resultar monótono y aburrido si siempre las cocinamos de la misma manera. Para disfrutar plenamente de una alimentación saludable es importante innovar en la preparación y presentación de los alimentos.

La base de este plato es la coliflor, una verdura de escaso aporte calórico ya que su principal componente es el agua. Se considera buena fuente de fibra, vitamina C, folatos, otras vitaminas del grupo B, potasio y fósforo.

Los ingredientes que necesitamos para cuatro raciones son: 1/2 coliflor, 3 zanahorias, 5 espárragos trigueros, ½ pimiento rojo, ½ pimiento amarillo, 150 g de champiñones, ½ cebolla, 4 cucharadas soperas de AOVE, una cucharada pequeña de cúrcuma y una pizca de sal.

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La esencia de esta receta es la textura que adquiere la coliflor en forma de cous-cous. Para ello basta con picarla (en crudo) con el accesorio picador de la batidora. El resto de verduras las cortamos a tacos pequeños.

En una cazuela o sartén con tapa pochamos las verduras a fuego medio. Incorporamos la coliflor picada y una pizca de sal y removemos bien. En este paso he añadido la cúrcuma, responsable del fuerte color amarillo del plato. Añadimos 500 ml de agua o caldo vegetal y dejamos cocer hasta que se consuma el líquido. La coliflor debe quedar al dente.

Como podéis observar, es una receta muy fácil que nos permite consumir la coliflor en un formato distinto. Podéis confeccionar este plato de muchas maneras, cambiando las verduras y las especias que lo acompañan.

 

La clave para mantener el peso a largo plazo

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La causa del exceso de peso viene dada en esencia por el balance entre las calorías que comemos y las que quemamos. Las calorías que quemamos son: gasto energético en reposo + la actividad física que realizamos. El gasto energético en reposo son las calorías que gasta el organismo para mantenerse vivo.

Muchas personas no consiguen bajar su peso incluso comiendo poco, esto es debido a que su organismo consume muy pocas calorías para mantenerse vivo; es decir, tienen un bajo gasto diario en reposo, también llamado metabolismo lento.

Las causas más comunes de esta reducción del metabolismo son:

  • El sedentarismo: cuanto menos músculo y más grasa tenemos, menor es nuestro gasto energético en reposo.
  • Haber realizado muchas dietas de manera puntual, dejándolas y volviendo a comer como antes, sobre todo si no se acompaña de una actividad física concreta. Por ello, las personas que han realizado muchas dietas, sin adquisición de buenos hábitos alimenticios, tienen más dificultad para perder peso y para mantenerlo.

Para el correcto mantenimiento del peso perdido hay dos puntos clave:

  • Mantener para siempre los buenos hábitos alimenticios adquiridos durante la dieta.
  • Realizar una actividad física específica para cada individuo que permita mejorar su metabolismo.

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Una tecnología médica americana ya permite hoy en día analizar nuestro gasto energético, siendo la mejor manera para realizar el proceso de pérdida, mantenimiento de peso y mejora del metabolismo:

  1. Estudio del metabolismo en reposo mediante calorimetría indirecta: Mide cuántas calorías y de qué tipo consume una persona en estado de reposo.

De esta manera podemos observar si existe una baja utilización de hidratos de carbono o de grasas o de ambos, determinando así la causa de la tendencia a coger peso.  Estos resultados nos permiten establecer la dieta ideal para cada paciente, cuánto debe comer y de qué, conociendo el tipo de alimentos a través de los cuales no se obtiene energía de forma adecuada y se acumulan fácilmente en forma de grasa.

  1. Prueba de esfuerzo cardiorespiratoria y metabólica: Permite averiguar si hay alguna alteración para la realización de actividad física y el tipo de ejercicio que mejora la utilización de hidratos de carbono o de grasas, tratando así un metabolismo en reposo reducido.

Podemos conocer el nivel de esfuerzo donde se obliga al organismo a utilizar los depósitos de grasa y eliminarlos.  Para poder mejorar el metabolismo utilizando el ejercicio físico es necesario establecer el tipo de ejercicio, la intensidad, la duración, la frecuencia semanal y la progresión en el tiempo.

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De esta manera, podemos abordar la pérdida y mantenimiento de peso de forma multidisciplinar:

  • Un médico que realiza los estudios y descarta patologías.
  • Un nutricionista, que interpreta los resultados del estudio y los aplica pautando la dieta idónea para cada paciente y a su vez, reeducando nutricionalmente para adquirir unos buenos hábitos alimenticios.
  • Un entrenador personal, que aplica los resultados del estudio al tipo, frecuencia e intensidad de actividad física que debe realizar cada paciente.

Esta combinación de metodología tiene como objetivo reducir el peso al mismo tiempo que aumenta el metabolismo, para evitar el efecto rebote de las dietas y conseguir un mantenimiento del peso sin restricción estricta de la ingesta.

Colaboro de forma exclusiva con un centro de fisiología en Bilbao especializado en este tipo de estudio. Para más información contactar conmigo.